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Asha, una joven criada en Barcelona, tras la muerte de sus padres adoptivos, empieza a descubrir la gran mentira tras su supuesta adopción; no fue adoptada, fue comprada. Una extraña carta enviada desde la India, comunicándole que su madre biológica está en su lecho de muerte, hará que Asha se embarque en un viaje para desentrañar la verdadera historia.

En Goa encuentra el diario de su madre y se sumerge en la historia de ésta y de otras tantas mujeres que corren la misma suerte en un país lleno de contradicciones, desigualdades y secretos. Incapaz de sospechar, que su búsqueda, la está llevando directa al infierno, Asha se ve inmersa en un mundo en el que nada es lo que parece. Prostitución, mafias, secuestro y trata de niños van tejiendo a su alrededor los restos de una historia familiar que no ha terminado.

¿Qué secretos esconde realmente su familia? ¿Sobrevivirá Asha a una historia que amenaza con repetirse? Enfrentándose a sus peores miedos, Asha se convierte en la última esperanza de desenterrar la verdad y romper el ciclo de dolor.

En "Lazos de Sangre", se despliega una historia en la que los secretos ocultos del pasado y las sombras de la maldad acechan en cada rincón, llevando a los personajes al límite de su resistencia. Esta novela nos invita a embarcarnos en un viaje lleno de suspenso, misterio y giros inesperados, mientras Asha desentraña una trama oscura de esclavitud y dolor que ha marcado a su familia.

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Disponible en tapa blanda y Kindle

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Mi paseo me llevó hasta el Assi Ghat. Bajé las escaleras, disfrazada de sombra en aquella noche cubierta por el humo de los crematorios. Me acerqué a la orilla del Ganges y sentí una presencia cerca de mí. Un Aghori me observaba sonriente sentado a la orilla con los pies dentro del agua.

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Con la mano me invitó a acercarme… Me senté junto a él.

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Su mirada profunda y limpia me conmovió. Me llamó la atención que sus ojos eran azules. Pensé que tal vez era un hijo mestizo de la época de la colonización.

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-¿Eres un Aghori ?- le pregunté suavemente.

-Sí. Supongo que ya te habrán hablado de nuestra forma de vivir. Somos repudiados por todo el mundo. La ignorancia humana es muy mala- dijo meditativo.

-Bueno, creo que es difícil de comprender por qué os alimentáis de cadáveres y vivís de una forma tan poco convencional-.

-¿Acaso tú no te alimentas de cadáveres?-.

 -No. ¿Cómo se te ocurre?-. le sorprendió mi respuesta

-¿Tu no comes animales muertos, te los comes vivos?-.

 

Entonces entendí su pregunta. -Sí. Si como animales muertos, pero primero los cocino-.

Me miró divertido. -¿Entonces qué diferencia hay entre tú y yo? Tú también eres una Aghori. Comes animales muertos; tú los cocinas y yo no. Yo no mato a nadie para comérmelo. Me lo como cuando ya solo es una materia sin alma. Vosotros matáis a los animales con la intención de que os sirvan de alimento. Les robáis el alma y luego, os los coméis. Yo no te juzgo por lo que haces ¿Por qué me juzgas tú a mí?-.

 

Intenté rebatir su argumento. -No es lo mismo. Primero, yo no mato animales. Segundo, no me como a los de mi propia especie y tercero, no como carne que está en descomposición…-.

Me interrumpió. -¿Y eso te hace mejor persona que yo? Tu compras a los animales muertos, yo como lo que me brinda la Ganga Ma. Entregué mi vida a una espiritualidad que poca gente comprende, nutriéndome de la energía vital que me brinda caminar entre dos mundos y que me permite dedicar mi vida a la meditación y ayudar a los demás en lo que puedo. Quizá no sea la forma más ortodoxa de vivir, ni lo que todo el mundo hace y, por eso desde la ignorancia, todo el mundo rechaza y juzga.

Creéis que los Aghori somos locos irracionales que formamos parte de una secta. ¿Y si la secta fuera el rebaño de borregos que sigue las normas de una sociedad enferma? ¿Crees que el tigre hambriento que se encuentra con un tigre muerto pasará de largo pensando, no me lo voy a comer porque es de mi especie? No es lo natural, piensa en ello-.

Escuchándolo me di cuenta de que era un loco con muchos momentos de lucidez. Le observé ante su atenta mirada e intuí que aquel hombre no había nacido en la India. De nuevo leyó mi pensamiento.

 

-Nací en Inglaterra, pero hace muchos años que hui de un mundo que no comprendía y no me gustaba y la India me adoptó como su hijo. He perdido la cuenta de cuantos años hace que llegué aquí… A veces dudo incluso de cuantos años tengo-. 

Le miré, intentando averiguar su edad. -No aparentas más de 40- le regalé una sonrisa amable.

-Tengo alrededor de 60- me dijo riéndose divertido.

-Me mantengo joven gracias a la dieta con la que me alimento- volvió a reírse.

-En realidad, la edad no es importante. Lo importante es lo mucho que creces y lo mucho que aprendes. Yo vivía en un mundo en el que no podía pensar por mí mismo. Mis padres esperaban que yo fuera lo que ellos querían que fuera, no lo que yo era realmente.

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Me obligaron a estudiar lo que ellos pensaban que tenía que estudiar para sentirse orgullosos de mí. Me imponían cómo comportarme, que decir, cuando decirlo y como decirlo. Me educaban en la hipocresía y lo que era, supuestamente correcto, para encajar en un mundo sin sentido donde la vida se atropella aceleradamente.

Finalmente, mi padre, que era un respetado empresario, decidió sin consultarme que yo trabajara en sus empresas, y, con su muerte, que me hiciera cargo de ellas, tanto si yo quería cómo si no. La esclavitud no se abolió, sigue presente en cada ser humano y en su forma de vivir, de pensar y de sentir.

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Hui de todo aquello para no ser un muerto viviente más en el mundo, y así llegué aquí. La Madre India me devolvió la vida y me permitió ser lo que realmente soy. Ella me regaló la libertad, pero, sobre todo, me regaló la paz eterna con la que existo-.

Sentí que cada uno tiene su propia historia y verdad. ¿Y si en realidad la loca era yo?

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El Aghori se levantó y extendió su mano hacia mí. -¿Vas a irte de Benarés sin bañarte en las aguas de la Ganga Ma para que te purifique?-.

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Lo miré dubitativa.

-Prometo no morderte, ni invitarte a cenar conmigo- dijo brindándome de nuevo su mano.

 

Tomé su mano y me levanté, y juntos nos sumergimos en las aguas de la Gran Madre. Él sumergió mi cabeza en el agua mientras entonaba unos canticos que no me parecieron de este mundo. Eran similares a los del sadhu, pero tuve la sensación de que te transportaban a una dimensión más lejana.

 

Salimos del agua y lo vi alejarse con las primeras luces del amanecer.

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También en catalán.. Enlace de Amazon pinchando sobre la imagen.

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