Reseña de Piel de Cordero por Jose Luis Burgos
- mariacesponlorenzo

- 5 nov 2025
- 2 Min. de lectura

Piel de cordero es el thriller con el que María Cespón Lorenzo decide, en sus propias palabras, salir por completo de su zona de confort y adentrarse en un territorio más oscuro, donde la mente se convierte en campo de batalla y la verdad es un rompecabezas lleno de trampas. Acostumbrada a escribir historias luminosas o centradas en el desarrollo personal, la autora asume aquí el desafío de mantener el misterio hasta el final, dosificando información y jugando deliberadamente con las expectativas del lector. Y lo hace con pulso firme.
La novela sigue a Judith, una arquitecta ambiciosa cuya vida parece sólida hasta que un episodio traumático la deja atrapada en una espiral de dudas y sospechas. A medida que surgen asesinatos vinculados a su pasado, su memoria se quiebra, la realidad se vuelve incierta y la pregunta central se vuelve inevitable: ¿puede confiar en los demás… o en ella misma?
Cespón compone un relato ágil y directo, sin artificios innecesarios. La atmósfera es inquietante, la tensión avanza en capas y cada capítulo invita a desconfiar incluso de lo evidente. La autora juega con la idea del “lobo con piel de cordero”: el mal acecha desde lo cotidiano, desde lo cercano, y la frontera entre víctima y verdugo se difumina con cada giro.
Con poco más de 200 páginas, la novela demuestra que el suspense no necesita extensión para resultar adictivo. Aquí, el misterio se cocina a fuego preciso: silencios, pistas sutiles y un manejo del ritmo que mantiene la intuición del lector siempre en jaque. El resultado es una historia intensa, emocional y perturbadora, que combina el interés por la psicología del personaje con un pulso narrativo pensado para sorprender.
Piel de cordero es un relato sobre el miedo, la memoria y las zonas oscuras que todos preferimos no mirar. Un thriller breve pero contundente, ideal para quienes buscan tensión, giros inesperados y personajes que se mueven en ese límite borroso donde nadie es del todo inocente.
José Luis Burgos















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