El Bosque Consciente
- mariacesponlorenzo

- 6 mar 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 5 ago 2025

Sentada junto a la piscina de la casa que habíamos alquilado, me preguntaba como podía ser amiga de todos aquellos descerebrados que a las 9 de la mañana ya estaban bajo la influencia del alcohol. Habíamos preparado una excursión al bosque que nos rodeaba y ninguno de ellos estaba en condiciones de ir.
Alfonso se acercó a mí con una copa de alcohol. -No seas tan sosa y únete a la fiesta-.
Le miré visiblemente irritada. -¿Esto es a lo que vosotros le llamáis disfrutar de la naturaleza? Pensé que habíamos venido a disfrutar de la tranquilidad y a descubrir la belleza de este entorno, pero estáis borrachos. Así no hay forma de meterse en el bosque. Sería una irresponsabilidad-.
-Eres una aguafiestas- dijo mientras se alejaba tambaleándose.
Me levanté sintiendo que los metería a todos en la piscina y los ahogaría. Me puse las bambas y me dispuse a irme sola a hacer la excursión que habíamos planificado. Lo cierto es que me daba un poco de miedo adentrarme en el bosque yo sola, pero no estaba dispuesta a renunciar a mi objetivo al embarcarme en este viaje.
Antes de salir pasé por la piscina y les grité que me iba de excursión. Su repuesta fue subir el volumen de aquella música infernal que escuchaban cuando iban ebrios. Supe que ni siquiera habían escuchado lo que les había dicho.
Salí por la puerta trasera de la casa y tomé el sendero que se adentraba en el bosque. Aquella música estridente rompía el silencio de aquel bosque lleno de robles y encinas. Apresuré el paso buscando las entrañas de aquel paraje que estaba envuelto en un aire de misticismo. La música se fue diluyendo, dando paso a un silencio inquietante. Miré a mi alrededor; no sabía cuanto sendero había recorrido ni a que distancia estaba de la casa.
Observé a mi alrededor. Pequeños senderos se perdían entre la vegetación y yo no sabía hacia donde dirigirme. ¿Qué sendero tomo? El corazón me dio un vuelco. Me pareció ver una figura pequeña que me observaba escondida tras un gran roble. ¿Sería un animal? Permanecí inmóvil.
La pequeña figura salió corriendo, perdiéndose por un sendero al lado del árbol. Instintivamente salí corriendo detrás de él. Corrí como loca sin llegar a ver si aquel ser seguía corriendo delante de mí o se había vuelto a esconder. Llegué al final del camino y me quedé completamente maravillada. Ante mí se abrió un claro en el que una pequeña cascada de aguas cristalinas llenaba el espacio con un tintineante sonido de vida. Frente a ella había un extraño círculo creado por piedras de colores en forma de asiento y sobre cada una de ellas había sentado un pequeño ser. Todos se giraron a mirarme.
El ser al que yo perseguía intentaba recuperar el aliento. -Truti- le gritó el que parecía ser el jefe. -¿Cuántas veces te he dicho que no te acerques a los humanos cuando pasean por nuestro bosque? Has conseguido que te vea y te haya seguido-.
Apenado bajo la cabeza ante el líder. -Lo siento. Ya sabes que siento mucha curiosidad por estas criaturas y no he podido evitar que me viera-.

Me acerqué despacio. -Lo siento. No vengo a haceros daño, es que creo que me he perdido-.
Todos se echaron a reír.
-No puedes hacernos daño ¿o no ves que te ganamos en número y que nosotros conocemos el bosque y tú no?-.
Era cierto que yo estaba en desventaja. -No es necesario que estés a la defensiva. Como te digo, no tengo ninguna mala intención-.
Se acercó a mí con paso firme. -¿Qué haces en nuestro bosque? Cada vez que los humanos entráis aquí nos dais mucho trabajo. Dejáis vuestra basura tirada, arrancáis y pisoteáis las plantas y si veis a algún hermano animal que no os gusta lo matáis, por no añadir que a veces quemáis nuestro hogar. ¿No pretenderás que celebremos que estás aquí verdad?-.
Sentí una profunda tristeza. Aquellos pequeños seres creían que los humanos éramos una especie de monstruos que destruíamos su hogar. -Yo amo la naturaleza- susurré.
Aquel ser me cogió de la mano y me obligó a entrar en el círculo. Truti se acercó a mí y empezó a observarme curioso. -No parece peligrosa- dijo con una sonrisa.
-Cállate- le gritó enfurruñado. -La culpa de que nos haya encontrado es tuya. Siéntate en tu sitio. El Gran Espíritu del Agua está llegando-.
Truti corrió a ocupar su lugar y la discusión llegó a su fin. Yo los miraba sin saber que hacer ni que decir cuando el agua se quedó en silencio. Lentamente me giré y observé la cascada. Aquellas aguas se transformaron en el rostro más bello que yo jamás había contemplado. Contuve la respiración y su amorosa sonrisa me envolvió en un aura de paz y confianza.

-Respira pequeña, nadie va a lastimarte. Perdona a Igor, a veces se deja llevar por ese mal humor que lo convierte en un gruñón adorable. Son muchos los humanos que entran en el bosque y como se han desconectado de su verdadera naturaleza, no respetan a la vida que aquí habita-.
-Pero no todos los humanos somos así- protesté bajito.
-Lo sé. Pero los pequeños duendes, protectores de su hogar, se han vuelto desconfiados-.
-Sabes, no entiendo porque hay humanos que no son capaces de respetar cualquier forma de vida o cualquier lugar. A veces pienso que el mundo se ha vuelto loco y que algo tan importante como el respeto, se está muriendo. ¿Crees que los seres humanos estamos matando al respeto?-.
Me miró con compasión. -El respeto agoniza porque muchos seres humanos se han olvidado de él. Cuando no logras respetarte a ti mismo es una misión imposible respetar lo demás-.
La miré sorprendida. -¿A qué te refieres con que no logran respetarse a sí mismos?-.
-La esencia de la vida es el amor con que la vives y con la que te vives a ti misma. La esencia del respeto es el Amor. Cuando tú te respetas a ti misma no hay forma de que no respetes a otro ser vivo. Os habéis separado de la consciencia de que, cuando no respetáis al bosque, os estáis faltando al respeto a vosotros mismos aniquilando la vida que sostiene vuestra propia vida. Tratáis la vida, que es sagrada y forma parte del todo indivisible del que sois parte, en la misma medida que os tratáis a vosotros mismos. Así, cada día mueren miles de especies en el mundo, y con su muerte, la humanidad agoniza un poco más. Como humanos no tenéis otro hogar en el que vivir. ¿No te parece absurdo matar a la vida misma?-.

No supe que responderle. Pensé en como me trataba a mi misma, y me pregunté, si tener a aquellos amigos que convertían cualquier evento en una fiesta de alcohol y sexo no era estar faltándome al respeto a mí misma. El Espíritu del Agua me leyó el pensamiento.
-Sí, si lo es. Al igual que es una falta de respeto propio el quedarse anclada en el dolor o permanecer al lado de alguien para sentirse amada y aceptada. También es una falta de respeto no ver tu verdadera esencia, no amarte y no cuidar de ti. Es una falta de respeto el permitir que otras personas te traten mal y no malinterpretes mis palabras. Tú no puedes controlar ni evitar que un abusador abuse de ti, inicialmente eso, no está en tu mano, aunque de algún modo hayas atraído a esa persona hacia ti. Pero desde el respeto y el amor hacia ti, puedes elegir alejarte completamente de esa persona y de ese tipo de experiencia después de la primera vez que sucede. Si te quedas ahí es porque no te respetas y entonces estás permitiendo que eso se repita.
Una cebra que es perseguida por un león hambriento, que consigue sobrevivir a ser cazada y devorada, no se queda al lado del león. Sería absurdo quedarse al lado de su depredador para darle la oportunidad de volver a intentar comérsela. La cebra sabe que lo importante es su vida y elige conservarla alejándose del león.
En la naturaleza no hay muros tras los que esconderse, así que tarde o temprano, nuestra cebra, se encontrara con otro depredador distinto o quizá con el mismo. Si la cebra no se respetara a ella misma y a su vida podría elegir rendirse y pensar ¡Esto es lo que me ha tocado vivir!, pero algo en su instinto interno le dice, que, aunque existe esa posibilidad, ella tiene que proteger su vida e intenta alejarse el máximo posible del peligro.
El ser humano tiene muchos depredadores de su misma especie. Créeme cuando te digo que vuestro miedo a otras especies animales es exagerado. Por regla general, aún habiendo excepciones, las otras especies animales prefieren mantenerse lejos de la humanidad por razones obvias. El ser humano cae en las garras de su depredador y se convence a sí mismo de que eso es lo que merece y lo que le ha tocado vivir. Pudiendo tenerlo todo se pierde en el océano de las carencias y se olvida de su grandeza, de su luz, de su esencia y se queda inmóvil en la jaula de su depredador, permitiendo que cada día éste vaya rasgando su alma y devorando su espíritu.
Todo es cuestión de amor y respeto pequeña. Aléjate de lo que no te hace bien. Recuerda que incluso los depredadores se han dejado de amar y de respetar a sí mismos, por eso son depredadores. No guardes la energía del dolor en tu corazón ni en tu cabeza. Respeta tu vida que es sagrada y con ello estarás respetando toda la vida que te rodea. Da siempre lo mejor de ti misma y vive en coherencia con el hermoso espíritu que eres. El sol se está poniendo, es tiempo de que salgas del bosque…-.
Con los ojos llenos de lágrimas le di las gracias a aquel espíritu bondadoso y lo vi desaparecer convirtiéndose de nuevo en cascada. Miré a aquellos duendes que ahora me miraban compasivos.

-Truti, acompáñala hasta la salida del bosque, si no aún pasara la noche aquí- oí decir a Igor.
Me despedí con gratitud y aquel duende amoroso me acompañó hasta el sendero desde donde se veía el tejado de la casa. -Si vuelves por aquí ven a verme- dijo abrazándose a mi pierna. Me agache y bese sus mofletes gordinflones.
Sorprendentemente la casa estaba en silencio. Todos estaban durmiendo la borrachera en las hamacas alrededor de la piscina. Me sentí afortunada por haber entrado yo sola en el bosque y haber vivido aquel momento mágico.
Me di cuenta, de que mi amistad con aquellas personas se había dado a causa de mi necesidad de sentir que yo podía encajar en un grupo, de que yo podía ser aceptada.
Entré en mi dormitorio, cogí mis cosas y decidí marcharme. Era tiempo de respetarme y salir de la jaula que yo misma había construido.
Shanandai Cespón















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